domingo, 16 de agosto de 2015

Aquí la vida

AQUÍ LA VIDA es a veces
tan mediocremente humana
como un sinnúmero de caras soñolientas
que no sabemos en qué entretenernos
para no llegar a la noche destrozados
o morirnos allí mismo de vergüenza

pero otras veces el lapacho
se burla del invierno
y aquel niño
se pasa la tarde atado a la pandorga
y nosotros
los que caminamos las calles a diario
dejamos caer un jazmín risueño
o perdemos los ojos
entre el follaje del río

Esta ciudad

ESTA CIUDAD ya no morirá
        puedo verla infinitamente viva
        sonriendo con los colores
        de su propio y cotidiano arco iris
y danzando mujer al fin danzando

esta ciudad ya no morirá
        lo sé lo siento
        lo creo lo demencio

        ditirambo de lluvia
                    corazón de cedro
        soplo de colibrí azul
                    táva de cemento
curuvica de río a mis ojos
                              abiertos
                                           esta ciudad
ya no morirá
ni yo
su fiel amante

y ninguno de los que la hagan suya
        ninguno

sábado, 15 de agosto de 2015

Duermo

A ROA
Dijo (el Padre Primero de los mbya guaraníes) que quienes supieran escuchar al cedro, cofre de las palabras, conocerían el futuro asiento de los fogones. Quienes no supieran escucharlo, volverían a ser no más la tierra despreciada.
Memoria del fuego I: los nacimientos, de EDUARDO GALEANO.


DUERMO ―entre comillas―
        giro por un impulso secreto
        cargo con la ciudad
        la corvada espalda
        los latidos violentos
        enflorecen mis párpados
        de un lado a otro
        la cabeza desbordada
        y la música entrando
        en mi casa
                        en mi pieza
        en mis poros
                        y caigo
        arrollando en cada salto
        las palabras los versos
        las estrofas el poema
        junto al fuego sagrado
        bajo el sagrado cedro
        el poema sagrado poema
        me mira el colibrí azul
        y yo lo veo quemarse
        en la fogata encendida
        y les hablo con la voz
        del que se quema y vive
        y les hablo y me escuchan
        todos sentados me atienden
        sentados en círculo oidores
        viendo a través de los sonidos
        los ojos en luz
        los ojos fijos
        con las llamas de la hoguera
        con las llamas desde dentro
        con las llamas de la hoguera
        sin palabras sin versos
        sin estrofas sin poema
        me despierto definitivamente
        con el regusto a cedro
        para enfrentar a la ciudad
        que flota entre las llamas
que flota en la fogata